Año: 6
Número: 17

Relación Padre - Hijo Deportista. Por Rodrigo A. Cauas E.

Los padres son considerados uno de los principales agentes formativos o de influencia para un niño que empieza a practicar algún tipo de deporte. El otro “agente de influencia” que le sigue en su importancia es el entrenador.

La importancia del padre se basa en que es él quién lleva al niño a una escuela, o a un club, generalmente sin mediación alguna por parte del niño, por lo tanto el padre es el inciador. Y esto ya comienza a “deformar” una relación natural como debe ser la de un padre y un hijo, llegando a niveles tan límites como se observó hace algunos días con la conducta del ucraniano Mijailo Zubkov, padre de Kateryna, quién la agredió sin ninguna contemplación al no haber clasificado a las semifinales del Mundial de Melbourne.

A la base de este tipo de relaciones patológicas pueden existir problemas de personalidad o fuertes deseos del padre por satisfacer “lo que ellos no pudieron ser” o incluso una gran necesidad de lucrar a partir del deporte.
Estas situaciones han sido tan reiteradas (recordemos los casos de Christope Fauviau que terminó preso, de Damir Dokic o el padre de las conocidas tenistas Williams) que desde la psicología del deporte se han llevado a cabo un sin número de investigaciones tendientes a observar este fenómeno, para intentar advertir sobre la inconveniencia de que los roles de entrenador y padre recaigan sobre una misma persona.

Dentro de la díada padre e “hijo – deportista” se pueden presentar tres posibilidades de relación:

1. La primera considerada como “normal”, es en la que el padre mantiene una distancia adecuada entre el hijo deportista y su técnico. Existiendo un apoyo incondicional, manteniendo una buena comunicación (bidireccional: en ambos sentidos), y dejando el espacio para que sea el hijo quién vaya tomando sus propias decisiones con relación a lo que le va sucediendo en su vida deportiva.

2. Otra forma de relación que se puede dar entre el padre y el hijo deportista es aquella en la el progenitor se encuentra totalmente ausente, demostrando un absoluto desinterés y baja motivación en lo que respecta a la vida deportiva de su hijo.

3. Finalmente el tercer tipo de relación que puede establecerse entre ellos es aquella en la cual existe una “sobrecercanía” del padre hacia el hijo, tanto que llega a convertirse verdaderamente en un “técnico” para él.

Y aquí es donde se presenta la principal dificultad, ya que, los niños, sobre todo cuando están iniciándose en el ámbito deportivo, deben sentir un apoyo incondicional de quienes son sus primeras fuentes afectivas – padres, técnicos u otras personas -, porque ellos deben sentir seguridad y confianza para comenzar a forjar el verdadero perfil de un campeón, que entre otras características incluye el liderazgo, la autoestima, tolerancia al fracaso, motivación de logro, etc.

Es al interior del grupo familiar donde se modelan (o por lo menos sería esperable que así fuera) muchas actitudes no sólo para la práctica deportiva, sino que además para la vida en general. La familia es para estos chicos una especie de “laboratorio” donde experimentan, sin temor alguno, las relaciones, los afectos, las emociones que luego pondrán en juego en sus relaciones cotidianas, entonces al no existir la posibilidad de experimentar, sin miedo al error, en sus familias, la forma de enfrentarse a lo externo en el futuro, estará mediatizada por el miedo y bajos niveles de confianza y autoestima.

Por lo tanto no existiendo este apoyo parental ilimitado, puede generar muchos conflictos en el hijo, debido a que se desnaturalizará una relación que debe estar por sobre un buen entrenamiento, una buena decisión o un buen resultado.
Por Rodrigo A. Cauas E.
Máster en Psicología
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