Año: 6
Número: 15

Cuando la motivación se transforma en presión

A la hora de hablar de deporte infantil, no podemos dejar de mencionar los inmunerables beneficios que el mismo aporta a la educación y formación integral del niño. Beneficios tanto físicos, psicológicos y sociales.

Entre los primeros podemos nombrar el desarrollo de las destrezas y aprendizaje de habilidades. Dentro de los segundos se encuentran el desarrollo de los procesos de percepción, evaluación, decisión y acción, fortalecimiento de la autoestima en el respeto y la aceptación de sí mismo, de las fortalezas y debilidades. En cuanto a los beneficios sociales, ayuda a internalizar reglas y respetar al prójimo, fomenta la integración de los jóvenes y principalmente sirve como tiempo de diversión y disfrute.

A través del movimiento el niño se expresa, descarga tensiones y adquiere un desarrollo pleno.

El gesto lúdico permite al niño empezar a conocer el mundo y conocerse a sí mismo. Cuando los tiempos y la evolución natural del niño se aceleran, aparecen las presiones. ¿Cuándo se presiona a un chico? Cuando se le exige más de lo que puede dar. P ej. el niño puede expresar que está cansado y el padre lo obliga a que vaya a entrenar igual. A otro chico le puede gustar un determinado deporte, pero su padre prefiere que practique el que le gusta a él y no el que desea el niño. Cuando se descubre un chico muy talentoso, se genera presión cuando su objetivo no es desarrollarse competitivamente sino jugar al fútbol como pasatiempo y los adultos se la pasan hablándole de sus talentos y posibilidades futuras. Lo padres “dobles mensaje” son aquellos que le dicen a su hijo que se porte bien en los entrenamientos y a la hora de jugar con otro equipo desde fuera de la cancha les gritan y hacen gestos contradiciendo sus propias palabras.

El placer lúdico y los sentimientos positivos favorecen el proceso de aprendizaje y desarrollo de la técnica, lo que desembocará en mejores posibilidades competitivas.

En deporte infantil, la presión es inversamente proporcional al logro. A mayor necesidad de triunfo más se aleja el logro, ya que la capacidad de pensar libre y creativamente y la capacidad de realizar un gesto deportivo eficazmente disminuye notablemente. El logro no sólo se fortalece con los triunfos, sino principalmente se alimenta de la convicción, del sentido de competencia y del apoyo recibido de los demás (Roffé, 2003).

Joaquín Dosil, en su libro “Psicología y deporte de iniciación” nos dice:

“Dentro del entorno cercano del joven futbolista, tanto los entrenadores como los padres ejercen una influencia vital en el desarrollo personal y deportivo. En cuanto a los padres o entorno familiar se refiere, se puede constatar que a veces se constituyen como una fuente de apoyo incondicional, pero otras muchas veces como una fuente de presión y elevada exigencia. En ocasiones ocurre que con la mejor intención y sin ser concientes de ello, la familia es una fuente de estrés añadido para los jugadores, inmersos en un clima o entorno ya competitivo de por sí”

El origen del término competencia es competere: dar alas, permitir que la persona levante vuelo y encuentre sus propias posibilidades.

La presión que reciben los niños y jóvenes del entorno que los rodea es una de las causas principales del abandono deportivo temprano. El deporte es una actividad lúdica, libre, competitiva y voluntaria, donde se juega el deseo propio y no el deseo del otro.
Los padres cargan con el niño que cada uno tiene adentro, con los deseos, anhelos y necesidades que en su momento no pudieron satisfacer. Para algunos de ellos, el hijo llega para cumplir aquellos deseos que entonces no pudieron ser satisfechos. Los padres se identifican con sus hijos como una prolongación de sí mismos, convirtiéndose el niño en una extensión de los padres, los que comienzan a definir su propia autovaloración en términos del éxito que su hijo pueda alcanzar (Williams, 1991).

Existen tres tipos de padres:
• Padres indiferentes: son lo que poco se preocupan por sus hijos, no se interesan por lo que ellos desean o necesitan.
• Padres equilibrados: son los que se preocupan por sus hijos, confían en los entrenadores, no exigen ni presionan y disfrutan de ver a sus hijos jugar.
• Padres sobreprotectores: son los que presionan, obligan e invaden áreas que le corresponden al entrenador (Roffé, 2000).

Si escuchamos luego de un partido que un padre le pregunta a su hijo: ¿”ganaste?” en vez de “¿te divertiste?”, ya sabemos a qué categoría de padre pertenece.

Muchos campeones han tenido un modelo de padre con estas características, pero por cada uno de ellos hay miles de frustrados en el camino. El cementerio del deporte está lleno de talentosos que quedaron en el camino por diferentes motivos: falta de interés, falta de oportunidades, problemas económicos y presión excesiva por parte de los padres.

Un padre o madre debe ser eso: padre o madre antes, durante y al finalizar las competiciones. Al mostrarse motivados y seguros, los niños percibirán esas sensaciones y las interiorizarán en ellos mismos. La función de los padres es hacer hincapié en el comportamiento, la educación y la disciplina, que son los valores realmente importantes y los que deben trasmitir a sus hijos.
“Si usted quiere un campeón en su familia, vaya y entrénese. Mientras tanto deje que su hijo disfrute y juegue felíz”.

Bibliografía
• Roffé,  M; Fenili, A; Giscafré, N: “Mi hijo el campeón”. Bs As. Lugar. 2003
• Roffé, M: “Fútbol de Presión”. Bs As. Lugar. 2000
• Williams, J: “Psicología aplicada al deporte”. Madrid. Biblioteca Nueva. 1991
• Revista “Psicodeportes”.

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