Año: 1
Número: 2

Vengo a jugar . . .

Creemos fervientemente en la conservación en todas las edades de la parte lúdica del deporte.

Desde que el niño se acerca al fútbol, debemos saber que lo hace por el placer que le cansa este juego y no por una necesidad de "entrenamiento" o de "responsabilidades desmedidas" y sobre la base de esto tendremos que armar su aprendizaje.

Imaginemos que este niño, juega en un parque, con sus amigos siente que ya su espacio le queda pequeño y que su nuevo ámbito de desarrollo puede ser el club de su afinidad, o de su barrio, o de sus amigos; ahora bien, el niño llega con una expectativa superior a la que tenía en su juego barrial. Si empezara su primera sesión corriendo alrededor de la cancha, a modo de entrada de calor. Luego, participando de una interminable fila en la que muy periódicamente remata al arco y como final, un encuentro, en el que con muchísima suerte, la podrá tocar diez veces a la pelota.

Se termina su "práctica": ¿Creemos que se irá satisfecho, feliz? ¿Volverá nuevamente? ¿Se habrá divertido? ¿ Habremos superado el placer que le producía, el juego entre amigos?. La respuesta es única y obvia: NO.
Se puede aprender y divertirse, lo cual es la combinación ideal de la enseñanza en las primeras edades y los que se encargan de organizar a los niños son los administradores de la pasión que sentirán en ese momento y siempre.

El niño pediría imaginariamente: "dejen que juegue solo, dejen que me divierta, dejen que sea feliz. Soy un niño, no lo olviden. Soy un niño. . . y solo una vez en la vida".

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