Hoy un caballo puede ganar una carrera menor y aun así dejar pérdidas al propietario. Esa es la realidad que pocos quieren mostrar.
Entre alimento, veterinario, herrador, transporte y mensualidad de stud, mantener un SPC dejó de ser pasión barata hace muchos años.
El problema es que las bolsas no crecieron al ritmo de los costos. En varios hipódromos latinoamericanos el premio apenas cubre una fracción del gasto mensual.
El propietario chico termina financiando un sistema entero mientras el retorno económico se vuelve casi simbólico.
Muchos caballos corren cuatro o cinco veces solo para intentar empatar números. Y cuando aparecen lesiones, el golpe financiero es brutal.
Por eso desaparecieron tantos colores históricos. No fue falta de amor por la hípica. Fue desgaste económico puro.
La hípica necesita dueños vivos para seguir respirando. Sin ellos, las tribunas terminan vacías y los stud también. Oscar Mihura Entrenador de caballos