Año: 1
Número: 3

Jugar es arriesgar

El miedo al fracaso es parte inconsciente de cualquier protagonista de un deporte.

Es en sí, un compañero circunstancial, en todas las etapas de nuestras vidas, algunas veces mejor disimuladas que otras.

Que aflore ante situaciones límites, es casi normal, como también lo es, estar preparado para enfrentarlo. Desde pequeño, en la actividad deportiva, tenemos que educarlo para que sepa medir el riesgo y también para que quiera asumirlo. Creemos fervientemente en el intento como parte primaria y fundamental del logro.

Las primeras edades del juego, son fundamentales para saber que es necesidad del deportista esmerarse en cada intervención para lograr el objetivo buscado, apelando a su técnica y no, como a veces pasa, a su fuerza natural. Trasladándolo al fútbol, podríamos ejemplificarlo con el pedido constante a los niños-defensores, a que pateen hacia delante en cada intervención que tienen, o que despejen hacia fuera si hay peligro. Si hablamos de intención, diríamos que cuando ataca el rival, el objetivo es recuperar la posesión del balón, si al suceder esto, se produciría un rechazo, o un balón tirado hacia fuera, automáticamente, tendríamos que volver a recuperarla, para volver a perderla. Totalmente ilógico.

Fomentemos asumir los riesgos, no castigar ante el error, sino corregir y alentar, entender que jugar implica emplear nuestras mejores virtudes en pos del funcionamiento. El objetivo en las primeras edades, es el acostumbramiento a la sana intención de jugar siempre. "Lo único imposible, es lo que no intentamos hacer". Que esto nunca nos pase.

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